lunes, 10 de septiembre de 2012

NARANJO DE BULNES: “Rabada-Navarro” 750m, 6C+… Un Sueño que cumple 50 años… por Fátima Gil:


¿Quién no ha soñado alguna vez con escalar la cara Oeste del Picu Urriellu?

Hace 50 años dos visionarios escaladores se aventuraron adentrándose en esa vertical y majestuosa cara Oeste. Me imagino a dos amigos, mirando la ansiada pared con ojos golosos. Ideando una estrategia que les posibilitase esa codiciada primera ascensión de la cara Oeste del Picu Urriellu.


Su regalo para el futuro llevaría sus apellidos “Rabada-Navarro”. Sólo el nombre te transmite el mayor de los respetos. Famosos son los espectaculares itinerarios con los que nos han obsequiado para deleite, admiración y disfrute de los valientes escaladores que nos lanzamos a intentarlos. Estas impresionantes rutas abiertas por toda la geografía española, si bien suelen ir surcando las partes más evidentes de las paredes, no son aptas para todos los públicos. Requieren compromiso, técnica, buenas reseñas pues es fácil perderse y sobre todo, encordarse con grandes escaladores.

En mi caso no podría haber tenido mejores compañeros. El equipo extremeño de tecnificación de alpinismo. Nuestra estrategia consistió en hacer dos cordadas. Una de tres: Jesús, Angel y Javi. Y en otra cordada Juanjo y Yo. Javi por un lado y Juanjo por el otro, lideraron los largos más duros de la vía, que hicieron en libre y velozmente. Ya que es una ruta larga donde no te puedes dormir si pretendes terminarla en el día. Yo por mi parte, fui capaz de escalar casi toda ella en libre, intentando no abusar del A0. Sólo pensaba en escalar deprisa, pues era la última de la cordada y tenía que escalar y limpiar los largos.

Reseña de la ruta....
Hay muchos momentos inolvidables en una ruta de estas características. Yo recuerdo que gritaba de esfuerzo en cada largo. Sobre todo en el largo clave, el tercero, una fisura adiedrada que en libre sale 6c. También recuerdo vivamente a dos escaladores que venían por detrás de nosotros y que me animaban en los pasos duros gritándome: “Muy bieeenn!! Fuerteee Chabalucaa!!!”. Después de ese largo, recuerdo muchos metros que también quitaban el aliento y que para poder escalarlos velozmente gritaba con fuerza, luchando sin descanso.

Juanjo sobre el mar de nubes...
Y de repente ya estaba allí, en el largo más impresionante de la vía: “La gran travesía”. Imagínate navegando por una fina, técnica y estética travesía sobre un mar de nubes con una sensación de vacío que no sabes si te sobrecoge o si te ensancha el alma. Y vas soltando uno a uno cada seguro hasta el siguiente y da la sensación de que si caes caerías en blando porque la gran masa blanca amortiguaría tu vuelo. Y te sientes libre…y cuando llegas al final, alguien al otro lado de las nubes te baja suavemente hasta que atraviesas esa barrera natural de algodón de azúcar y vuelves a estar con tus compañeros. Y no hay descanso, porque te toca el siguiente largo, con la adrenalina y el cansancio en vena te lanzas a lo desconocido y terminas fluyendo y feliz de aportar tu pequeño granito de arena a una aventura tan alucinante.

Jesús en plena travesía... 6a+
Lo siguiente que recuerdo es llegar a Rocasolano y ver donde había dormido Juanjo e Iñakí unas semanas antes en su repetición de “Marejada Fuerza 6”. Les imaginé allí acurrucados, pasando frío, esperando gallardamente los primeros rayos del sol para poder terminar su gran gesta. Allí, en Rocasolano, encontré una piedra que en su anverso escondía una inscripción: “Rabada Navarro”. La guarde en el bolsillo como un tesoro. ¿Quién habría tallado ese presente?

A partir de ahí solo recuerdo que escalaba como por inercia, agotada por tanto desgaste. Tardamos 10 horas en escalar la vía Rabada-Navarro al Naranjo de Bulnes, las mismas horas que habían necesitado dos días antes Juanjo y Javi para escalar las cuatro caras. Hay cosas que sólo los Titanes son capaces de hacer.

En la cima vimos que se avecinaba tormenta y decidimos bajar rápidamente. Pero no, sin antes, echarnos la foto de equipo en la cumbre. Orgullosos de haberlo conseguido todos.

El equipo en la cumbre...
He de decir, que después de esta experiencia comprendí mejor a Juanjo, emocionándose en la R4, la primera vez que encadenó en libre ese mítico tercer largo. El más duro y selectivo de la ruta.

En definitiva, un sueño logrado. Con el plus de haberlo conseguido la misma semana que este bonito trazado cumplía 50 años desde su apertura. Fue el particular y humilde homenaje del equipo extremeño a estos grandes de la escalada. Grandes siempre Alberto Rabadá y Ernesto Navarro.

- Reproduzco aquí el emocionante relato que Alberto Rabadá escribió para el Boletín de Montañeros de Aragón donde cuenta en primera persona la experiencia de la apertura de esta vía soñada. La abrieron en Agosto de 1962, en cinco días y en dos ataques diferentes. Merece la pena leerlo…


Al lío!!!!

La vía soñada. Cara oeste del Naranjo de Bulnes. Por Alberto Rabadá. (Fuente: Barrabes.com)

15 de agosto.

El clásico ritual de la preparación al pie de pared tiene hoy para mí un sabor distinto al de otras ascensiones: ¡por fin me veo ante la realidad de tantos sueños e ilusiones forjados desde que por primera vez (de esto hace ya siete u ocho años) viera la efigie de esta apasionante pared en una revista de montaña!

Hace de esto unos cuatro años: fue mi primer intento formal de establecer contacto con ella, junto con Domingo Arenas, de Barcelona, y dos compañeros más. A última hora tuvimos que desistir de ello por haber sufrido el primero una gran descarga que lo dejó, muy contra su voluntad, inutilizado para el resto de la temporada. 

Por problemas laborales no había podido en los años siguientes volver a la carga, siendo a primeros de este año cuando decidimos con Navarro (que también tiene los suyos) solucionar éstos, de manera que podamos disponer del tiempo suficiente para un ataque en serio… ¡Comenzamos! El primer largo de cuerda nos sitúa en unos nichos herbosos, bajo una gran entosta que se inicia a unos 30 metros del suelo terminando unos cien más arriba.

El segundo corre a cargo de mi compañero… enseguida compruebo, a juzgar por sus jadeos, que no desmerece la opinión que de él nos habíamos formado… pronto necesita emplearse a fondo consiguiendo ganarle metros a la pared a costa de deshacerse los nudillos al intentar clavar los tacos de madera, escarpas y demás “ferretería” en esta semiciega fisura que durante cuarenta metros en continuo extraplomo lo conducirá al fin sobre la inestable fisura donde hacer reunión. 

Nueva tirada (esta vez menos “agresiva”) y alcanzo un pequeño resalte donde, tras recuperar la mochila (que pesa como el plomo) y a mi compañero, que a su vez, recupera el material, nos preparamos a pasar nuestro primer vivac.

16 de agosto.

Mientras nos acomodamos en este “aéreo lecho” sobre la incómoda llambría que para este segundo vivac nos ha tocado en suerte, repasamos la labor del día… 

Al igual que ayer, hoy también ha habido que “bregar”… La culminación de la entosta tras dos largos no muy difíciles… El arranque de ella por un tramo de pared lisa donde entre algún que otro buen clavo hay que usar de nuestra “artesanía rigloide”, ferretería corta… “pitoches”, “pitonisas”, con taquetes de madera… El corto desprendimiento al intentar forzar una placa de unos seis a ocho metros (más bien escasa de posibilidades) que nos separaba del principio de esta gran cicatriz en cuyo centro ahora nos encontramos, ¡eso sí, dispuestos, a pesar de lo incómodo de la postura, a apurar las pocas horas de descanso que nos brinda esta neblinosa noche.

17 de agosto.

Siguiendo la Cicatriz en toda su longitud (un largo de cuerda de los más bonitos de toda la pared) logra situarse Navarro junto a dos pequeñas oquedades que ya adivinábamos desde el suelo, punto de partida, según nuestros planes, para alcanzar el centro de la pared propiamente dicho, situado a unos –calculamos- cuarenta o cincuenta metros a la izquierda. A pesar de que al principio la pared ofrece algo de defensa, pronto se vuelve hostil, teniendo que echar mano, al fin del nada simpático Ramplux para poder progresar por ella. 

Todos mis esfuerzos de tirar en diagonal se ven estrellados contra la configuración de la pared, que cada vez me va desviando más de la ruta preconcebida, encontrándome al final de la tirada situado treinta metros por encima de mi compañero, en lugar de estar a la izquierda, que era nuestro propósito.

Son ahora los esfuerzos de mi compañero los que se ven rechazados por la misma causa. Tratando de buscar un punto vulnerable ha remontado unos quince metros alcanzando una pequeña entosta desde donde se descuelga en péndulo unos metros… después de interminables probatinas decide que por allí tampoco es factible.

Como la noche ya se nos acerca, recupera el material colocado y regresa junto a mí… ¡y a deliberar se ha dicho!

Sopesamos las posibilidades en pro y en contra. Por una parte todavía doscientos cincuenta metros o más de pared por resolver, pared que, por lo que juzgamos, igual puede costar tres o cuatro días más, y comida y agua sólo queda para dos días escasos. Esto, junto con la duda de ¿y si hubiera que abandonar desde el otro lado de esta travesía, quizás ya en malas condiciones físicas por el esfuerzo de una a dos jornadas más de –no nos cabe la menor duda- dura batalla?

Por otra parte, convenir en que hacer montaña nunca nos supuso llevar las cosas a límites que pudieran ser nefastos, nos hace ponernos de acuerdo rápidamente en cuál va a ser nuestra conducta… ¡Haremos un entreacto!, como en las películas de largo metraje. 

Ya tomada la decisión, la inmediata es buscar la salida. Ésta la efectuamos con un largo de cuarenta metros por una cornisa que tenemos a nuestra altura (cornisa que llamaremos del Entreacto) y que desemboca en un gran circo, al que en recuerdo de los montañeros santanderinos bautizamos el “Sardinero”… en él pasamos la noche bastante confortablemente.

Días 18 y 19.

De estos dos días el recuerdo ya es más fugaz; salir del circo del “Sardinero” por una cresta que lo limita con la canal de Tiros de la Torca con ayuda de algún clavo, descenso por la canal de la Celada hasta alcanzar el refugio, donde podemos contemplar a nuestro placer el “camino” recorrido y el que queda por recorrer de esta pared que, vista de nuevo, ahora, desde aquí, parece imponer más respeto.

Con el fin de mercar más provisiones nos dirigimos al parador de Áliva. De aquí nos encaminamos a la mina, donde podremos adquirirlos a un precio más “montañero”, siendo acogidos con un agradable trato de los muchachos que trabajan en ésta, al cual nosotros procuramos corresponder haciendo pronto una sana corriente de simpatía. Aquí pernoctamos. 

Nuevo contacto con bilbaínos en Cabaña Verónica y apacible paseo hasta encontrarnos otra vez en el refugio Delgado Úbeda, donde me las valgo (modestia a un lado) para que Navarro me felicite por el soberbio condumio que preparo, el cual tengo que repetir a petición suya, pues le ha sabido a poco.

Mientras ascendemos por la canal de los Tiros de la Torca, ante la visión que se nos ofrece de la pared, llegamos a la conclusión de ¡qué miedo!... ¿y si nos fuéramos a la playuca de San Vicente de la Barquera?... ¡Pero no! ¿Qué diría Villarig? ¡Apunta, Navarro! ¡Por eso! 
20 de agosto.

Con la noción del tiempo ya perdido –no sé cuántas horas está durando este largo de cuerda-… ensimismado en mis pensamientos he ido avanzando poco a poco hasta alcanzar una pequeña entosta donde ¡al fin! coloco un par de buenos clavos en directo; con cuatro clavos más –de ellos, dos “expansivos”- alcanzo otra entosta donde, ¡sorpresa!, cuando ya creía tener la travesía dominada, resulta que el punto queda todavía unos quince metros más a la izquierda y unos veinticinco por debajo de donde me hallo.

Al ver mi desencanto, Navarro me sugiere que descuelgue unos metros en Dülfer para ver qué se ve. Así lo hago y, conforme me va soltando cuerda, vuelven a mí los deseos de vencer que por un momento me habían flaqueado ante esta (suponía) nueva tentativa frustrada. 

Lo que un poco quiméricamente pensamos en Zaragoza, ha sido la solución para resolver este problema… Gracias a este péndulo he conseguido acercarme a unos ocho metros del punto deseado. Las cuerdas no dan más de sí… es necesario parar en plena pared. Coloco dos buenos clavos y, suspendidos de ellos sobre estribos, paso la mochila (nuestra inseparable compañera). A continuación Navarro hará una serie de arriesgadas y hábiles maniobras de cuerda que me permitan disponer de ella para alcanzar la ansiada cornisa.

Se está ocultando el sol cuando al fin nos vemos reunidos en ella, no sin antes haber dejado colocado, y fijo a buenos clavos, un pasamanos de unos cuarenta metros para que “en caso de emergencia” en “un momento dado” nos asegure el retroceso de esta travesía, que tan en jaque nos ha tenido.

Aún aprovechamos las últimas claridades para remontar otra cornisa, donde preparamos nuestro vivac.

21 de agosto.

 ¡Hoy estamos contentos! Contra lo que esperábamos, es ya nuestro cuarto largo de cuerda y la pared cada vez va oponiendo menos resistencia. Otro largo más y Navarro alcanza una gran plataforma situada a unos trescientos cincuenta metros del suelo, la cual decido llamar “Plaza de Rocasolano” en recuerdo de la popular plazuela de las Delicias, en Zaragoza. 

Aún quiere la pared oponer alguna resistencia, que pronto se ve arrollada por el empuje de Navarro, a golpe de pitoche y escarpa domina un aéreo y bonito paso que le hace gritar de júbilo.

Otro largo –esta vez a mi cargo-, y de pronto me encuentro a caballo en la arista entre la cara oeste y la norte, suspendido sobre la entrada de la canal de la Celada que se ve allá abajo… muy abajo.

Los largos de cuerda se suceden ya con rapidez: la inclinación de la pared y la abundancia de presas buenas y seguras permiten subir al segundo con la mochila puesta. Aún hay que colocar algún clavo… usar pies y manos en continua progresión. De pronto, ¡sobran las manos, los clavos… pisamos terreno llano!... ¡Es la antecima! Unos metros más, entre peñascos castigados por el rayo durante años y años, y alcanzamos el montoncete de piedra donde nos encontraremos el buzón-registro en el que dejamos la pequeña huella de nuestro paso; pequeña, comparada con la que la “excursión” por tan noble y hermosa pared nos ha dejado a nosotros.

¿Te acuerdas, Navarro, de lo prometido?... Mas líbranos del mal. Amén.


6 comentarios:

Simón Segoviaventura dijo...

Anteayer hicimos la cepeda y tuvimos que bajar por falta de tiempo sin hacer la cumbre, solo pensar lo que escalaban estos máquinas en aquel tiempo...

taia dijo...

Bonito relato Fátima.
Parabéns a todos pelas vias.

Recebes-te as minhas fotos?
Abraço
Natália
Portugal

sesa dijo...

Magnifica via! Excelente relato. Grandes máquinas.

Fátima dijo...

Hola Taia, muchas gracias por tu comentario.

Aún no me han llegado tus fotos, igual te dí mal el correo, si puedes hacer el favor de reenviarmelas a este: enyel8@hotmail.com o al correo del blog, te lo agradecería mucho.

Muchas gracias también a los demás comentaríos.

Un saludo.

neskalatzaileak dijo...

Zorionakkkkk Fatima!!
Somos Ana e Idoia del GAME, eres una Titana!!! Esta tarde marchamos nosotras al Naranjo con intención de mañana Rabada, vamos 3 de cordada, asi que imagina que nervios para que no nos pille el vivac en pared, sino me veo como Juanjo en rocasolana. MIL BESOS para los dos y animo NESKA, nos vemos en Vilanova Artifo?? nosotras ya estamos inscritas, somos fans de Santi y Pelut,ja.ja.

Nicolás Durán e Isabel Mª Asensio dijo...

Fátima, tu relato me parece genial. Enhorabuena por la vía, sois unos máquinas, os admiro.
Un abrazo.
Isa